Este verano, después de visitar las Cataratas del Niágara, dimos un bonito paseo por este pueblecito, y no encantó, porque tiene aquel carisma de una pequeña ciudad con reminiscencias de los tiempos de la Guerra de Secesión, y parece que en cualquier momento nos puede salir un soldado vestido con uniforme de detrás de cualquier fachada. Encantador
