Merece la pena, si apasionan el arte y la historia de las religiones, porque es una mole gótica inmensa, un poco a trasmano, que, sencillamente, se está viniendo abajo. Nada más entrar, a uno le golpea un fuerte y profético olor a humedad y podredumbre, señal de que San Pedro necesita urgentemente restauración. Algo abandonada, fuera de las rutas turísticas...
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