La decoración nos transporta a algún lugar de la Polinesia, lleno de viejas historias. El trato es correcto, la carta de cockteles razonable y de calidad y no sirven nada de comer (salvo patatas chips). El principal problema es lo excesivo de sus precios. Un café con leche está por encima de los 3 € (creo recordar que 3,40 €).
