Si bien conocía desde hacía tiempo los chocolates Sprüngli -especialmente sus increíbles trufas-, nunca había estado en la confitería. La de la Banohofstrasse parece una joyería, o una casa de alta costura más: vidrieras casi artísticas, vitrinas en las cuales se exhiben los increíbles productos de chocolatería y pastelería que la confitería produce. Uno no sabe con qué quedarse. Compramos...
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