Muy cuidado y bonito, recrea con fidelidad la forma de vida a principios del s.XX. A destacar las encantadoras señoritas ataviadas al estilo de la época, que te aclaran cualquier duda. Pero como es privado, el museo se reduce a ésto. Una ciudad como Riga, con una colección abrumadora de edificios de este estilo, merece algo institucional y más extenso.
