Execelentes anfitriones, los propietarios nos recibieron con una bandejita de bombones de categoría profesional hechos en casa. Las habitaciones son impecables, con todo lo que puede necesitar un viajero, y decoradas de una manera muy personal. El desayuno fue estupendo, con abundante fruta, crêpes caseros y, por supuesto, más chocolate.
No os perdais este sitio si estais por la zona.
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