Un lugar excepcional,un edificio maravillosamente restaurado y decorado por la familia Korber. Trato exquisito y acogedor. La habitación impecable y el desayuno de ensueño, distinto cada día. ¿se puede pedir más? . Estuvimos tres noches y nos quedamos con ganas de volver. No hay que perderse la visita al Monumento guiada por Daniel, un anfitrión entrañable...que entre otras lenguas también...
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