La casa de campo es genial. Alrededor, campos de hortalizas y frutas. La habitación, sencilla y acogedora. Roberta, su marido y los niños, como una familia cercana. Se puede cenar en el porche, con productos suyos, todos con sabores auténticos. La capilla central en el patio, un encanto. Ningún problema para aparcar, porque está en las afueras, a 5 minutos...
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