La casa es estupenda, construída en un antigüo convento, del que han mantenido la capilla convirtiéndola en una preciosa sala de desayunos. La habitación era pequeñita pero las vistas eran fantásticas y disponíamos de un impresionante salón común con televisión, una extensa biblioteca, ordenador con acceso a internet, cafés, tés, vino, cerveza y dulces caseros riquísimos. El desayuno inglés fué...
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