Lo mejor de la estancia en Marrakech era volver cada tarde al Riad Jardin Grenadine, Ahmed nos preparaba té a la menta que degustabamos en la mesita a la puerta de la habitación frente a la piscina. Por la mañana antes de salir, el estupendo desayuno escuchando el canto de los pajaritos. La habitación no era muy grande pero si...
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