Llegamos una tarde y no al anochecer, porque como nos conocemos ya la zona del hotel, allí tienen una costumbre muy peculiar: al anochecer cierran la recepción y dormimos en el coche.
Nos atiende una chica joven, no muy agradable, que nos indica dónde está el parking del hotel. Según ella, a un cuarto de hora andando. La realidad es...
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