El mobiliario de este lugar lo trajeron de un almacen de segunda mano. La moqueta olía a pis de perro y el personal del mostrador ponía todo tipo de excusas para explicar porqué no éramos buenos clientes. ¿Por qué razón nos ibamos a quejar de los muebles rotos si todavía no se habían roto del todo? No os quedéis allí.
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