Lo mejor, su ubicación, a cien metros le teatro Kodak, teatro chino y del paseo de las estrellas, algo importante dentro de la inmensidad de Los Ángeles. Es un sitio tranquilo, con habitaciones limpias y básicas. Cocina común limpia y cómoda. Es un tranquilo chalet con encanto. Lo único malo es que los trabajadores, aunque majos, son un poco pesados.
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