Un lugar precioso, cerca de todas partes, con un jardin muy bien cuidado. Los dueños de la casa muy simpáticos y se afanaban por hablar español. La habitación no era muy grande, pero suficiente. La limpieza extraordinaria y los desayunos de Florence estupendos. La relación calidad-precio muy acertada. Y el valle de la Dordogna imperdible.
