Nos encantó, volvimos por sus champiñones a la segoviana. Comimos paella en la primera visita, nos pareció buena, pero regresamos por los champiñones, pedimos callos a la madrileña y repetimos el platillo en ese momento. Las porciones son pequeñas, pero vale la pena pagar por ellas. Además, uno puede ver al chef japonés cocinar tras la barra, es maravilloso y...
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