Después de un camino plagado de chalets entre pinos, llegamos a este restaurante con decoración chillout. La pena es que hacía mucho viento, pero todo el paisaje es espectacular. La comida era excelente: rodaballo, solomillo con gambas y pechuga de pollo y vino del Duero. La dueña fue muy atenta y servicial. El precio no demasiado caro (unos 30 euros...
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