Impresionante... ya el restaurante en sí (está en un hotel de madera pequeño tampoco muy lujoso, apartado de la ciudad, en frente de un lago...) es digno de ver... pero si a eso le sumas una cocina maravillosa de mercado, con productos locales, en una carta sin pretensiones y con unos platos muy bien elaborados... merece la pena desviarse sólo...
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