Saint-Malo, aunque se construyó originalmente para hacer de ciudadela amurallada que vigilase la desembocadura del río Rance, albergó durante siglos a temidos piratas. No obstante todos son ya meros espíritus de los mares y la ciudad es ahora la más visitada de Bretaña. Pasea por las bulliciosas calles del casco antiguo reconstruido y por las enormes playas, y que no se te olvide hacer una parada en la Grande Porte, Port St-Vincent, el castillo de la ciudad, que alberga el Musée de la Ville y el Grand Aquarium.
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