Para quienes la visitan por primera vez, Palermo es una ciudad de carácter cambiante. Numerosos y polvorientos museos, bóvedas árabes y destellos de esplendor barroco se agolpan entre mercados bulliciosos, un tráfico caótico y un calor sofocante en verano. El centro neurálgico de Sicilia es una ciudad ruidosa, contaminada y a veces peligrosa, pero siempre fascinante. No se pierda las maravillas de la arquitectura árabe-normanda, como el palacio de los Normandos del siglo XII o la iglesia de San Juan de los Eremitas. Pida el servicio de taxi en su hotel y negocie las tarifas de antemano.
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