Vibrante y llena de mansiones victorianas, la agitada y bulliciosa capital de Costa Rica se construyó de las ganancias del comercio del café, y las plantaciones en funcionamiento de “granos de oro” siguen rodeando la ciudad. Prueba los granos locales recién tostados del Mercado Central. Si quieres ver un oro más brillante, visita el Museo del Oro. Muchos sitios históricos se renovaron y ahora albergan hoteles elegantes. La vida nocturna se concentra en El Pueblo, ciudad inspirada en pueblos españoles considerada un epicentro en lugar de un destino. No te pierdas el elegante Teatro Nacional de 1897.
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